Danos fuerzas, Señor Jesús, para aceptar nuestra cruz pacientemente. Que comprendamos que sin ella no seremos discípulos tuyos. La cruz destinada a cada uno de nosotros está formada por renuncias, sacrificios, dolores, incomprensiones, carencias materiales y un sinfín de pequeñas y grandes cosas que se nos niegan o que se nos imponen. A veces cuesta aceptarlas. Nuestras debilidades pugnan por rechazarlas. Pero con tu ayuda es más fácil llevarlas. No nos dejes desamparados, que sin ti poco podemos hacer y el peso de estas cruces nos derribaría.

La caridad no busca jamás la propia comodidad – San Camilo de Lelis
No puede llamarse caridad si lo que hacemos a los demás es para satisfacer nuestros propios deseos, intereses o afinidades sintiéndonos tranquilos



