
“Bienaventurados vosotros cuando os insulten y os persigan y os calumnien por mí”
DOMINGO IV DEL TIEMPO ORDINARIO
(Mateo, 5, 1-12a)
En lo que va de este siglo XXI,
han muerto, por su fe, 1.624 cristianos.
Son los nuevos mártires que alegran el rostro de la Iglesia
y son merecedores de la recompensa del cielo
que tú, Señor, has prometido.
Pobres de espíritu,
mansos de corazón,
los que lloran,
los que tienen hambre y sed de justicia,
los misericordiosos;
los que tienen limpio el corazón,
los que trabajan por la paz,
los perseguidos por causa de la justicia,
los mártires…
Todos estos son tus bienaventurados, Señor.
Todos estos serán recompensados.
¿Y yo me afano por formar parte de estos grupos
o busco un lugar donde me halaguen,
o me ofrezcan los privilegios de este mundo?
¿Busco la recompensa que sí merece la pena
o me quedo con las baratijas y señuelos que no tienen valor?
¿Estaría dispuesto a soportar insultos,
calumnias y vejaciones,
incluso a entregar mi vida material
por ser testigo tuyo?
Si realmente quiero estar entre los bienaventurados
debo asumir que tengo que cambiar muchas cosas en mi vida,
para parecerme más a aquellos a los que prometes la recompensa.
Mi debilidad a veces me impide lograr lo que deseo.
Por eso necesito que me ayudes, Señor,
para que me sostenga en todo momento
la esperanza de encontrar la alegría completa.
Que sepa reconocer siempre
que tú me sostienes
para que no caiga en la desesperación
sino que viva en el gozo de la fe en ti y en tu misericordia, que es infinita.
José Serrano Álvarez
(Rezando al caer de la tarde)



