¿Dar para que nos lo devuelvan o nos reconozcan que somos generosos y buenos? No, nunca. Porque lo que damos lo hemos recibido antes nosotros. Dios es quien, sin merecerlo nosotros, nos ha dado cuanto somos y tenemos. Por lo tanto, no seamos egoístas ni engreídos. Demos, incluso de lo que necesitamos para nosotros, a quienes necesitan más. Y hagámoslo con generosidad y sin esperar recompensa alguna en esta tierra.

«Mi carne es verdadera comida, y mi sangre es verdadera bebida» (CORPUS)
Foto: R. Misas «Mi carne es verdadera comida, y mi sangre es verdadera bebida» CORPUS (Juan 6, 51-58) Estampas de niños desnutridos



