Estamos acostumbrados a correr detrás de las riquezas terrenales como si fueran los ídolos a los que hay que adorar. Huimos de que nos humillen y desprecien porque nos consideramos merecedores de honores y glorias. A menudo ocultamos el rostro de Cristo, pobre, humillado, maltratado… No queremos verlo. Pero solamente en él hemos de fijarnos si queremos ser seguidores suyos.

La caridad no busca jamás la propia comodidad – San Camilo de Lelis
No puede llamarse caridad si lo que hacemos a los demás es para satisfacer nuestros propios deseos, intereses o afinidades sintiéndonos tranquilos



