No es suficiente con creer de palabra. Resulta imprescindible llevar a la vida ordinaria el compromiso de la fe. Tenemos que irradiar en nuestras vidas, en todos sus momentos, hasta los más insignificantes, que somos seguidores de Cristo, que le amamos y que estamos dispuestos a ser fieles. No podemos quedarnos en un cristianismo de palabrería, de costumbres rutinarias o de cobardes que esconden su vida. Dios quiere que nuestra vida de frutos evangélicos.

Veo a mi Cristo pobre, ¿y yo me atreveré a seguir viviendo como rico? Veo a mi Cristo humillado y despreciado, ¿y seguiré deseando que me rindan honores? – San Cayetano de Thiene
Estamos acostumbrados a correr detrás de las riquezas terrenales como si fueran los ídolos a los que hay que adorar. Huimos de



