Arrepentirnos de haber tenido mal comportamiento con los demás y pedir perdón por ello a quienes hayamos causado daño es lo mejor que podemos hacer. Por supuesto que es mucho más útil que quedarnos quietos, lamentándonos interiormente o dándonos golpes de pecho o mortificándonos. Pedir perdón a quien se causa mal es lo correcto y lo que, en definitiva, ayuda a remediar el mal hecho.

Veo a mi Cristo pobre, ¿y yo me atreveré a seguir viviendo como rico? Veo a mi Cristo humillado y despreciado, ¿y seguiré deseando que me rindan honores? – San Cayetano de Thiene
Estamos acostumbrados a correr detrás de las riquezas terrenales como si fueran los ídolos a los que hay que adorar. Huimos de



