Sed mansos y humildes, nos dice el Señor. Para acercarnos a Él, hemos de dejar fuera de nosotros la soberbia, esa lacra que tanto mal nos hace a nosotros y a todos los hombres. Si queremos amar a Jesús de verdad, si realmente queremos ser de los suyos e identificarnos plenamente con Él, seamos sencillos y humildes de corazón. En todo momento y en todo lugar. Reconozcamos que somos poca cosa y que solamente podemos superar nuestra pequeñez si nos aferramos a Él con todas nuestras fuerzas. Así comprenderemos cuán grande es su amor.

«¿Vas a tener tú envidia porque yo soy bueno?» (XXV T. ORDINARIO)
Foto: R. Misas «¿Vas a tener tú envidia porque yo soy bueno?» XXV T. ORDINARIO (Mateo 20, 1-16) La mayoría de los conflictos



