Jesús nos dejó a su madre por madre nuestra. Está siempre dispuesta a escucharnos para ayudarnos en nuestras necesidades. Acerquémonos a ella sin miedo. Como hijos confiados en su amor. Aunque seamos, a veces, rebeldes. Recurramos a ella con frecuencia. Es quien mejor nos puede guiar para caminar como buenas personas por la vida. Su presencia dentro de nuestros corazones nos ilumina en los momentos en los que estamos más abatidos o desorientados. Que nos acompañe siempre. No nos alejemos nunca de su protección.

Quien quiera vivir con dignidad y plenitud no tiene otro camino más que reconocer al otro y buscar su bien – Papa Francisco
No vivimos solos, sino que somos parte de una comunidad de hijos de Dios. No somos únicos en esta tierra, sino que



