Las palabras de alabanza al Señor nuestro Dios sirven de poco si no van acompañadas de los hechos de vida que demuestren que le amamos. Es nuestra vida entera la que tiene que hablar por sí misma, demostrando que somos hijos suyos, que le alabamos y cumplimos con lo que Él nos pide. Que quienes nos vean puedan decir que con nuestras acciones estamos dando gloria al Señor. Es la mejor plegaria de alabanza que podemos rezar. Porque decir muchas y bonitas palabras y no vivir como debemos, no es alabanza sino engaño.

Espíritu Santo, que en la tierra… no sea yo paja inútil ni cizaña perjudicial, ¡sino grano bueno! – San Manuel González
Podemos, con los ejemplos de nuestras vidas, ser cualquier cosa menos aquello que debemos ser, que es ser semilla que nace, crece



