Un creyente no puede cerrar los ojos ante las personas que están a su lado, sean ricas o pobres, sabias o ignorantes, sanas o enfermas, santas o pecadoras. Porque todas ellas son el prójimo al que estamos obligados a ayudar. Todas ellas son hermanas nuestras, hijas de nuestro Padre Dios, y sirviéndolas como nos ha ordenado el Señor que hagamos, estaremos cumpliendo con nuestra obligación y por ello seremos premiados.

La caridad no busca jamás la propia comodidad – San Camilo de Lelis
No puede llamarse caridad si lo que hacemos a los demás es para satisfacer nuestros propios deseos, intereses o afinidades sintiéndonos tranquilos



