No quieres, Señor, que hagamos grandes cosas. Al menos, de forma permanente. Es en las tareas sencillas de cada instante donde nos pides que trabajemos por el bien común. Porque tu reino no se construye aquí con hazañas heroicas, ni con victorias bélicas, ni con proclamaciones solemnes. Lo que hacemos ordinariamente, día tras día, puede ser el mejor camino para convertirnos en mejores cristianos que caminamos al encuentro contigo en los hermanos que viven junto a nosotros. Danos fuerzas para saber hacer de nuestra rutina diaria un esfuerzo permanente para ir hasta ti.

La amistad que se puede concluir, nunca fue verdadera – San Jerónimo
Cuando a una amistad le ponemos fecha de caducidad, por los motivos que fuere, estamos desvirtuando su sentido auténtico. Porque un amigo



