Impide, Señor Padre Nuestro, que nos consideremos los mejores. Aleja de nosotros la tentación de creernos lo suficientemente preparados y fuertes para dar lecciones y para resolver todos los problemas. Danos un poco de calma para seguir avanzando, poco a poco, en el camino de la virtud, sin atajos y sin convulsiones traumáticas. Que el deseo de hacer el bien no nos ciegue llevándonos a convertirlo en mal por causa de nuestras irresponsables prisas de autocomplacencia espiritual.

El Hijo de Dios se hizo hijo del hombre, para que el hijo del hombre llegue a ser hijo de Dios – San Ireneo
Los cristianos nos sentimos hijos de Dios. Porque realmente lo somos. Con todo lo que esto significa. Cristo se acercó a nuestras



