Cuando obramos en conciencia, siguiendo los dictados del Señor, adquirimos las fuerzas suficientes para ser firmes y no tener miedo a lo que puedan hacer o decir contra nosotros. Únicamente Dios es quien nos debe importar, pues es Él el que nos conoce cómo somos en realidad. Será Él quien nos juzgará por lo que hagamos o dejemos de hacer. No prestemos, por tanto, importancia a los juicios de los hombres, sino solamente a Dios.

«No tengáis miedo a los que matan el cuerpo» (XII T. ORDINARIO)
Foto: R. Misas «No tengáis miedo a los que matan el cuerpo» XII T. ORDINARIO (Mateo 10, 26-33) A lo largo de



