Cuando obramos en conciencia, siguiendo los dictados del Señor, adquirimos las fuerzas suficientes para ser firmes y no tener miedo a lo que puedan hacer o decir contra nosotros. Únicamente Dios es quien nos debe importar, pues es Él el que nos conoce cómo somos en realidad. Será Él quien nos juzgará por lo que hagamos o dejemos de hacer. No prestemos, por tanto, importancia a los juicios de los hombres, sino solamente a Dios.

«No te digo que perdones hasta siete veces, sino hasta setenta veces siete» (XXIV T. ORDINARIO)
Foto: R. Misas «No te digo que perdones hasta siete veces, sino hasta setenta veces siete» XXIV T. ORDINARIO (Mateo 18, 21-35) Hoy



