A los que queremos seguir a Cristo, no nos está permitido juzgar a los demás. Será Dios quien lo haga en su momento. Porque nosotros no somos quienes para dictar ninguna sentencia de culpabilidad. Si nos arrogamos un poder que no se nos ha dado, estamos actuando incorrectamente. Por desgracia, con demasiada frecuencia condenamos a los otros. Mejor sería que nos despojáramos para siempre de los ropajes de la soberbia que nos impiden ser buenos cristianos. No juzguemos el comportamiento de los otros.

Por más comunes que sean las culpas de un hombre, son limitadas; mientras que la misericordia de Dios es sin límites – San Óscar Romero
Nunca debemos cansarnos de pedir perdón a Dios por nuestros fallos. Porque siempre lo obtendremos. Su misericordia es infinita y, como Padre



