Somos propensos a culpar a los otros, eximiéndonos a nosotros mismos de toda culpa. Hasta en las más pequeñas cosas culpamos a los demás para liberarnos de la responsabilidad que nos concierne. ¿Es esto justicia? No, sino gran injusticia. Reconozcamos que somos culpables y asumámoslo con humildad. Mejor nos irá si dejamos de acusar a otros porque son nuestras obras, acciones u omisiones las que han de ser enjuiciadas.

Los verdaderos adoradores adorarán al Padre en espíritu y verdad (III DOMINGO DE CUARESMA)
Foto: J. Serrano “Los verdaderos adoradores adorarán al Padre en espíritu y verdad” III DOMINGO DE CUARESMA (Juan 4, 5-42) He pasado



