Somos propensos a culpar a los otros, eximiéndonos a nosotros mismos de toda culpa. Hasta en las más pequeñas cosas culpamos a los demás para liberarnos de la responsabilidad que nos concierne. ¿Es esto justicia? No, sino gran injusticia. Reconozcamos que somos culpables y asumámoslo con humildad. Mejor nos irá si dejamos de acusar a otros porque son nuestras obras, acciones u omisiones las que han de ser enjuiciadas.

Todo debe desaparecer para que Jesús viva y reine plenamente en nosotros – San Juan Eudes
Los seguidores de Jesús tenemos que trabajar por hacer posible su reino en nosotros mismos. No se trata de instaurar un reino



