No se trata de no ver la paja en el ojo del vecino, cuando nosotros tenemos una enorme viga en el nuestro, sino de que antes nos miremos a nosotros mismos con espíritu crítico, juzgando nuestras debilidades para corregirlas, y dejando en suspenso cualquier juicio a lo que hagan los demás. A ellos los juzgará el Señor, que es el único que puede hacerlo, nunca debemos juzgarlos nosotros, que no somos quienes para condenar a nadie.

«No te digo que perdones hasta siete veces, sino hasta setenta veces siete» (XXIV T. ORDINARIO)
Foto: R. Misas «No te digo que perdones hasta siete veces, sino hasta setenta veces siete» XXIV T. ORDINARIO (Mateo 18, 21-35) Hoy



