No se trata de no ver la paja en el ojo del vecino, cuando nosotros tenemos una enorme viga en el nuestro, sino de que antes nos miremos a nosotros mismos con espíritu crítico, juzgando nuestras debilidades para corregirlas, y dejando en suspenso cualquier juicio a lo que hagan los demás. A ellos los juzgará el Señor, que es el único que puede hacerlo, nunca debemos juzgarlos nosotros, que no somos quienes para condenar a nadie.

Veo a mi Cristo pobre, ¿y yo me atreveré a seguir viviendo como rico? Veo a mi Cristo humillado y despreciado, ¿y seguiré deseando que me rindan honores? – San Cayetano de Thiene
Estamos acostumbrados a correr detrás de las riquezas terrenales como si fueran los ídolos a los que hay que adorar. Huimos de



