No importa que no la veamos. Sabemos que la gracia divina está presente en los que creemos en Jesús. Con ella se nos otorga un poder inmenso, pues quedamos transformados en hermanos del Señor y en hijos de Dios. ¿No supone esto tener una fuerza sin límites? ¿Qué nos impide lanzarnos a transmitir esta fe? ¿Por qué tenemos miedo de compartir esta dicha con los que aún no conocen que existe?

Esta es la paz de Cristo resucitado, una paz desarmada y una paz desarmante, humilde y perseverante – León XIV
En este mundo convulso donde la guerra entre pueblos y la violencia entre hermanos son triste y penosa actualidad, los creyentes en



