Cuánta paciencia tienes con nosotros, Jesús. No te cansas nunca de nuestras mentiras, nuestros engaños, nuestros egoísmos, nuestras infidelidades. Sabes que somos débiles, que caemos una y otra vez. Nos aceptas como somos y siempre nos esperas. Quieres que volvamos a confiar en ti, que acudamos a tu lado, que nos levantemos del barro que nos envuelve. Gracias por tu inmensa misericordia, por aguantarnos con tanta miseria como llevamos. Perdónanos. Agárranos con tus manos para que podamos caminar con más seguridad y caernos menos veces.

Lo propio de una religión no es imponerse, sino persuadir. El Señor no hizo violencia a nadie, dejó a cada uno libre – San Ambrosio de Milán
Ante los que no son creyentes podemos tener diferentes comportamientos. Uno de ellos, y es el más correcto, es intentar que conozcan



