Nunca nos consideremos indispensables. Porque los cristianos tenemos que huir de todo atisbo de autosuficiencia y orgullo. Sobre todo, cuando se trata de ayudar a los demás o de realizar obras importantes. Sí, tenemos que estar siempre atentos a las necesidades de los otros. Que no se nos vea en los primeros puestos, pero que estemos en todos los casos en los que sea necesaria nuestra presencia. Actuemos desde la oscuridad, sin que se note que somos nosotros los que echamos uno mano a quien está necesitado. Así daremos a Dios y al prójimo grandes alegrías.

Lo propio de una religión no es imponerse, sino persuadir. El Señor no hizo violencia a nadie, dejó a cada uno libre – San Ambrosio de Milán
Ante los que no son creyentes podemos tener diferentes comportamientos. Uno de ellos, y es el más correcto, es intentar que conozcan



