Tanto en los momentos en los que lo pasamos mal como en los que nos sentimos repletos de gozo por lo bien que nos van las cosas tenemos que ser conscientes de nuestra fragilidad humana. En uno y en otro caso se nos está sometiendo a pruebas en las que se nos mide nuestra fortaleza interior. Ni lo primero ha de llevarnos a la desesperación y la angustia ni lo segundo ha de infundirnos tanta exaltación que nos aparte de la realidad. Dios nos quiere como somos, con nuestros instantes de dolor y nuestros momentos de gloria. Que no perdamos el sentido de nuestra vida ni en caso ni en el otro.

“La perfección cristiana sólo tiene un límite: el no tener límite” – San Gregorio de Nisa
Si deseamos ser perfectos, meta a la que debemos aspirar como creyentes, porque es lo que se nos pide, debemos convencernos de



