Tanto en los momentos en los que lo pasamos mal como en los que nos sentimos repletos de gozo por lo bien que nos van las cosas tenemos que ser conscientes de nuestra fragilidad humana. En uno y en otro caso se nos está sometiendo a pruebas en las que se nos mide nuestra fortaleza interior. Ni lo primero ha de llevarnos a la desesperación y la angustia ni lo segundo ha de infundirnos tanta exaltación que nos aparte de la realidad. Dios nos quiere como somos, con nuestros instantes de dolor y nuestros momentos de gloria. Que no perdamos el sentido de nuestra vida ni en caso ni en el otro.

Veo a mi Cristo pobre, ¿y yo me atreveré a seguir viviendo como rico? Veo a mi Cristo humillado y despreciado, ¿y seguiré deseando que me rindan honores? – San Cayetano de Thiene
Estamos acostumbrados a correr detrás de las riquezas terrenales como si fueran los ídolos a los que hay que adorar. Huimos de



