Nos cuesta comprender que lo que tenemos son dones, muchos o pocos, que Dios ha puesto en nuestras manos para que los administremos correctamente. No son nuestros en exclusiva, sino que tenemos la obligación moral de contribuir con ellos al bien común. No es justo que veamos pasar ante nuestros ojos las miserias humanas, también espirituales, de los demás sin hacer nada por remediarlo. Al final de los tiempos seremos examinados de amor.

Vivir siempre muy alegres, Dios es alegría infinita – Santa Teresa de Jesús de los Andes
No se concibe un santo apenado, mustio, sin alegría. Un cristiano nunca ha de estar triste. Porque la fe que profesamos tiene



