Dios es misericordioso. Nos lo demuestra en la entrega de su Hijo al permitir que fuera sacrificado para que nosotros pudiéramos salvarnos. Nos lo demuestra cada vez que obtenemos su perdón cuando se lo pedimos sinceramente. Esa misericordia es la que debemos practicar con los demás. Siempre. No es justo que pidamos misericordia al Padre mientras no la practicamos nosotros con los hermanos que nos rodean. No Tenemos ninguna excusa para ser buenos con los demás, para perdonarles sus errores y para ayudarles en sus necesidades.

Ningún pecado del hombre puede cancelar la misericordia de Dios – San Juan Pablo II
Dios es Padre misericordioso en grado infinito. Está dispuesto a perdonar siempre, por muy grandes que sean nuestras infidelidades. No tengamos, pues,



