Los cristianos que tratamos de seguir fielmente las enseñanzas de Jesús no debemos encerrarnos en nuestro pequeño mundo geográfico o mental. Hemos de estar abiertos al mundo, como la Iglesia de la que formamos parte. Cristo no predicó solo a los de su pueblo, sino a todos los hombres que se acercaban a escucharle. Anteponer los privilegios de raza, cultura o nacionalidad no casa con el Evangelio. Porque el nacionalismo levanta fronteras y encumbra lo propio como lo mejor y se convierte en un egoísmo que daña la convivencia y rompe la solidaridad.

La fe, además de conocerla, hay que vivirla – San Juan Pablo II
De poco nos sirve ser muy instruidos y sabios en temas religiosos si no llevamos a la práctica de nuestra vida diaria



