El amor que decimos profesar a nuestro Señor nos obliga a trabajar por implantar su reino en este mundo. Un reino de paz, de amor y de justicia. Un reino donde todos seamos hermanos, hijos del mismo padre, que es Dios. Un reino que no se instaura con armas, ni con imposiciones, sino con el ejemplo de cada uno de los que tenemos fe en el Salvador. Si nos esforzamos en esta misión, nuestra alegría será grande. Porque estaremos trabajando por hacer realidad los mandatos del Señor y no hay alegría mayor que hacer su voluntad.

La caridad no busca jamás la propia comodidad – San Camilo de Lelis
No puede llamarse caridad si lo que hacemos a los demás es para satisfacer nuestros propios deseos, intereses o afinidades sintiéndonos tranquilos



