Debemos practicar más la virtud de la paciencia. Porque las prisas, el nerviosismo, el ansia por llegar antes que otros y superar a los demás a costa de lo que sea no son el camino correcto. Ni para las cosas materiales ni para las espirituales. Vivimos en una sociedad donde la inmediatez nos obliga a tomar decisiones que, en muchas ocasiones, son precipitadas y nos perjudican. Nuestra única prisa debería ser el empeñarnos en ser mejores, en mostrar a los demás que practicamos la fe que profesamos y que nuestra confianza está puesta en Jesús.

Veo a mi Cristo pobre, ¿y yo me atreveré a seguir viviendo como rico? Veo a mi Cristo humillado y despreciado, ¿y seguiré deseando que me rindan honores? – San Cayetano de Thiene
Estamos acostumbrados a correr detrás de las riquezas terrenales como si fueran los ídolos a los que hay que adorar. Huimos de



