Hermosa verdad la de que nadie se salva solo. Creer en Jesús, caminar siguiendo sus mandatos, nos ha de llevar a vivir en comunión con los demás. Mi fe no es válida si no la comparto y la vivo con los que me rodean. Mi fe es un regalo divino que se me ha dado gratuitamente para que fructifique compartiéndolo, uniéndolo a la fe de los demás. Dios no quiere que me aísle, sino que me sume a los demás creyentes, que los apoye y me apoye en ellos, que formemos entre todos la familia para hacer visible que somos comunidad.

La fe no nos evita la posibilidad del pecado, sino que nos ofrece siempre una vía para salir: la de la misericordia – León XIV
La misericordia de Dios no es grande, sino infinita. Sin límites. Por eso podemos acudir a él siempre, siempre, siempre. Aunque le



