Cristo se ha quedado presente entre nosotros. Es su gran gesto de amor. Muere por nosotros y se nos da a sí mismo en el pan y el vino convertidos en su cuerpo y su sangre. Para alimentarnos. Para convertirnos en Él. Para animarnos a ser mejores. Para ayudarnos a crecer en la fe que nos ha regalado. En la Eucaristía encontramos el alimento completo para resistir los envites que intentan destruirnos y la fuerza necesaria para seguirle. Comulgar es empaparnos de Jesús y llenarnos de su amor para amar a los demás como Él nos pide.

Corazón de Jesús, que yo no me canse en tener paciencia y ser benigno con los enemigos y amigos – San Manuel González
La paciencia de Jesús con cada uno de nosotros es inmensa. Nunca nos da por perdidos, aunque cometamos las mayores barrabasadas. Siempre



