Para un cristiano carece de valor la vida, si ésta no la entregamos para el servicio de Dios y por Él la damos al servicio del prójimo, que es hermano nuestro y al que debemos servir de forma totalmente desinteresada, no esperando recompensa alguna que no sea el ser gratos a los ojos del Señor que, con la entrega de su vida por nosotros, nos dejó trazado el camino a seguir.

«No tengáis miedo a los que matan el cuerpo» (XII T. ORDINARIO)
Foto: R. Misas «No tengáis miedo a los que matan el cuerpo» XII T. ORDINARIO (Mateo 10, 26-33) A lo largo de



