Si no estamos en paz con nosotros mismos, difícilmente podremos actuar como pacificadores de los otros. Porque únicamente quien vive interior y exteriormente en paz puede sembrarla en su entorno. Ahora que se habla tanto, a menudo de forma equivocada, sobre la paz, es momento de que examinemos si nuestro interior está sosegado. Lo que sintamos internamente podremos sacarlo al exterior para mejor servicio a los demás.

«No te digo que perdones hasta siete veces, sino hasta setenta veces siete» (XXIV T. ORDINARIO)
Foto: R. Misas «No te digo que perdones hasta siete veces, sino hasta setenta veces siete» XXIV T. ORDINARIO (Mateo 18, 21-35) Hoy



