Si no estamos en paz con nosotros mismos, difícilmente podremos actuar como pacificadores de los otros. Porque únicamente quien vive interior y exteriormente en paz puede sembrarla en su entorno. Ahora que se habla tanto, a menudo de forma equivocada, sobre la paz, es momento de que examinemos si nuestro interior está sosegado. Lo que sintamos internamente podremos sacarlo al exterior para mejor servicio a los demás.

Veo a mi Cristo pobre, ¿y yo me atreveré a seguir viviendo como rico? Veo a mi Cristo humillado y despreciado, ¿y seguiré deseando que me rindan honores? – San Cayetano de Thiene
Estamos acostumbrados a correr detrás de las riquezas terrenales como si fueran los ídolos a los que hay que adorar. Huimos de



