Jesús no es el Dios de la ira, sino el Padre que perdona siempre. Basta acudir a él con la confianza del hijo que reconoce que se ha equivocado, que lo ha hecho mal, que no ha sabido enfrentarse a los peligros, sino que se ha metido en ellos para terminar cayendo en el precipicio. Siempre podemos pedir ayuda, pedir perdón, confiados en que siempre se nos dará esa ayuda y se nos perdonará. Acudamos a nuestro Padre Dios, que es misericordia, amor, entrega, generosidad. No somos una causa perdida, por mucho mal que hayamos hecho, sino unos hijos que acudimos a cobijarnos en el amor de Dios. Él nunca nos rechazará.

Amar significa viajar, correr con el corazón hacia el objeto amado. Amar a Dios es, por tanto, viajar con el corazón hacia Dios – Papa Juan Pablo I.
Si amamos a Dios como nos ama Él, debemos estar siempre dispuestos a ir a su encuentro, con alegría y con esperanza.



