No es admisible practicar la caridad con tristeza. Ni con desgana. Ni por compromiso social. Hay que poner en ello alegría, ilusión, entrega. Porque eso es lo que da valor a nuestras acciones caritativas hacia los demás. Debemos estar dispuestos permanentemente a ayudar. Con la palabra y con las obras. Sin regatear nada. Conscientes de que el premio nos vendrá dado por el Señor, que no dejará sin recompensa un simple vaso de agua que demos en su nombre a quien tiene sed.

El Corazón de María es todo amor por nosotros. Ella nos ama con el mismo amor con que ama a Dios porque lo ama y lo mira a Él en nosotros – San Juan Eudes
María es madre. De Jesús y de todos nosotros, los que creemos en Él. Por eso su corazón es un volcán de



