La santidad está reñida con la tristeza. Por eso, en las vidas de los santos siempre encontramos que vivían con gozo sus esfuerzos, sufrimientos y cansancios. Incluso cuando entregaban su vida por Dios, lo hacían valientemente y en muchas ocasiones, cantando. Porque ser santo es como vivir la celebración pascual, pensando que pronto nos encontraremos con el Señor que, tras padecer por nosotros, resucitó y nos está esperando.

«No te digo que perdones hasta siete veces, sino hasta setenta veces siete» (XXIV T. ORDINARIO)
Foto: R. Misas «No te digo que perdones hasta siete veces, sino hasta setenta veces siete» XXIV T. ORDINARIO (Mateo 18, 21-35) Hoy



