La misericordia de Dios no es grande, sino infinita. Sin límites. Por eso podemos acudir a él siempre, siempre, siempre. Aunque le hayamos traicionado muchas veces. Él nos escuchará, aceptará perdonarnos y así podremos empezar de nuevo a vivir como nos pide que vivamos: amándole a él y amando a los hermanos que son sus rostros vivos que nos rodean a cada instante. Es desde la fe en esa misericordia divina desde donde podemos iniciar el cambio de nuestra vida desordenada a una vida donde se palpe la gracia del Señor Jesús.

Vive siempre como si este fuera el último día de tu vida, porque el mañana es inseguro, el ayer no te pertenece y solamente el hoy es tuyo – San Maximiliano Kolbe
Cada instante, no solo cada día, hemos de vivirlo como si fuera lo último que se nos concede. Del pasado, solamente podemos



