El apego al dinero y a las cosas terrenales que con él se compran no llenan nunca de satisfacción a quienes buscan la auténtica felicidad. Más bien al contrario: en el culto que a menudo tributamos a las riquezas de este mundo se esconde nuestro propio fracaso como personas libres de ataduras. Esto es el principio de todos los males de la humanidad, ya que sustituimos al Dios del Amor por los dioses del materialismo.

Hay que tener claro que el objetivo verdadero no es la prestación económica para todos, sino el trabajo para todos. Porque sin trabajo para todos, no habrá dignidad para todos – Papa Francisco
Estamos obligados, moralmente, a construir un mundo nuevo en el que la riqueza sea distribuida más justamente. Un mundo en el que



