Que no se nos olvide nunca que Dios es un padre lleno de amor. En Él podemos depositar toda nuestra confianza. Sin vergüenza. Sin temor alguno. Nunca seremos abandonados, si acudimos a pedirle ayuda. Aunque estemos cargados de miserias, si reconocemos nuestras fragilidades, obtendremos siempre su perdón. Corramos a sus brazos, convencidos de que su amor es infinito y que nos perdonará, por muy mal que nos hayamos portado. Nuestra alegría ha de ser inmensa porque somos privilegiados al tener a Dios por Padre nuestro.

El peldaño más bajo de esta decadencia moral es la soberbia. El hombre rico se viste como si fuera un rey, simula las maneras de un dios, olvidando que es simplemente mortal – Papa Francisco
La sociedad en la que estamos inmersos necesita personas humildes, serviciales y honestas. Sobran los soberbios que se consideran superiores a los



