
«Yo soy la puerta de las ovejas»
IV DOMINGO DE PASCUA
(Juan 10, 1-10)
Abundan los predicadores en los modernos medios de comunicación.
Hay canales de televisión que permanentemente difunden sermones religiosos
de distintas confesiones e iglesias.
También hay líderes políticos, económicos, periodísticos, etc.
que nos lanzan sus mensajes
intentando convencernos de que hagamos lo que ellos proponen.
Unos, utilizando el señuelo del placer y del bienestar si asumimos sus prédicas;
otros, amenazándonos con castigos diversos si no somos obedientes a sus mandatos…
Es verdad, Señor, que hay muchos falsos guías
en este nuestro revuelto mundo.
Dentro de nuestra Iglesia también
hay pastores que no cuidan como es debido a sus ovejas.
Unos, porque se sienten iluminados y se consideran perfectos,
otros, porque buscan el halago humano
o porque no son capaces de reconocer sus limitaciones.
Ayúdame a distinguir a los que guían sabiamente a la comunidad
de los que se presentan como salvadores, pero en realidad son ladrones.
Ayúdame a centrarme en lo esencial,
huyendo de lo superfluo.
Porque para acercarme más a ti
debo caminar a tu lado,
escuchando tu palabra
y distinguiéndola de las falsas promesas de los usurpadores de la verdad.
Ayúdame a decir no a los que quieren comprarme
los sentimientos y la vida
para llenarla de vacíos agotadores.
Quiero, Señor, ser oveja alegre que te sigue siempre,
porque tú sí me llevas a la fuente del agua salvadora
y me dejas pastar en los prados donde el alimento es completo.
Quiero, Señor, seguirte solamente a ti
porque eres el único
que me puede abrir las puertas del aprisco celestial.
José Serrano Álvarez
(Rezando al caer de la tarde)



