¿Dar para que nos lo devuelvan o nos reconozcan que somos generosos y buenos? No, nunca. Porque lo que damos lo hemos recibido antes nosotros. Dios es quien, sin merecerlo nosotros, nos ha dado cuanto somos y tenemos. Por lo tanto, no seamos egoístas ni engreídos. Demos, incluso de lo que necesitamos para nosotros, a quienes necesitan más. Y hagámoslo con generosidad y sin esperar recompensa alguna en esta tierra.

Espíritu Santo, que en la tierra… no sea yo paja inútil ni cizaña perjudicial, ¡sino grano bueno! – San Manuel González
Podemos, con los ejemplos de nuestras vidas, ser cualquier cosa menos aquello que debemos ser, que es ser semilla que nace, crece



