Sed mansos y humildes, nos dice el Señor. Para acercarnos a Él, hemos de dejar fuera de nosotros la soberbia, esa lacra que tanto mal nos hace a nosotros y a todos los hombres. Si queremos amar a Jesús de verdad, si realmente queremos ser de los suyos e identificarnos plenamente con Él, seamos sencillos y humildes de corazón. En todo momento y en todo lugar. Reconozcamos que somos poca cosa y que solamente podemos superar nuestra pequeñez si nos aferramos a Él con todas nuestras fuerzas. Así comprenderemos cuán grande es su amor.

La oración es el alimento del alma y la presencia de Dios bien llevada es una oración no interrumpida – Santa María Josefa Sancho de Guerra
Dios y Señor nuestro, concédenos la gracia de sentirnos siempre en tu presencia. Para que con nuestras palabras y nuestras obras podamos



