Los cristianos nos sentimos hijos de Dios. Porque realmente lo somos. Con todo lo que esto significa. Cristo se acercó a nuestras miserias y asumió nuestra naturaleza humana, convirtiéndose en uno de nosotros, en todo menos en la culpa. Padeciendo por nuestra causa y entregando su vida para restaurar la nuestra, que había sido destrozada por el pecado, nos convirtió en hermanos suyos y herederos del Reino. Inmensa gratitud debemos mostrar por tan gran y excepcional regalo que el Señor nos ha dado y que nos impele a ser mejores para asemejarnos en algo a Él.

Vive siempre como si este fuera el último día de tu vida, porque el mañana es inseguro, el ayer no te pertenece y solamente el hoy es tuyo – San Maximiliano Kolbe
Cada instante, no solo cada día, hemos de vivirlo como si fuera lo último que se nos concede. Del pasado, solamente podemos



