Impide, Señor Padre Nuestro, que nos consideremos los mejores. Aleja de nosotros la tentación de creernos lo suficientemente preparados y fuertes para dar lecciones y para resolver todos los problemas. Danos un poco de calma para seguir avanzando, poco a poco, en el camino de la virtud, sin atajos y sin convulsiones traumáticas. Que el deseo de hacer el bien no nos ciegue llevándonos a convertirlo en mal por causa de nuestras irresponsables prisas de autocomplacencia espiritual.

«Dios envió a su Hijo para que el mundo se salve por él» (SANTÍSIMA TRINIDAD)
Foto: R. Misas «Dios envió a su Hijo para que el mundo se salve por él» SANTÍSIMA TRINIDAD (Juan 3, 16-18) Escucho



