Solamente si nos reconocemos pequeños, pecadores y mendigos del perdón de nuestro Padre Dios y del de los hermanos, podremos transitar por la senda de la virtud, que es por donde debemos caminar siempre. Por eso es preciso que no cedamos nunca a las tentaciones que nos impelen a considerarnos fuertes, superiores a los otros y merecedores de alabanza, porque la soberbia nos alejará del Reino.
Cuando el hombre se aparta de Dios, no es Dios quien le persigue, sino los ídolos – Benedicto XVI
O ponemos a Dios en el centro de nuestras vidas o quedamos sometidos a los ídolos que nos acechan por doquier y