Muchos son los hombres y mujeres, de todo estado, raza, cultura y edad, que han sido valientes al proclamar su fe inquebrantable en Cristo. Por él han dado su vida, sufriendo, en la mayoría de las ocasiones, grandes tormentos antes de morir. Los mártires son la fuerza que mantiene firme a la Iglesia. También son un ejemplo hermoso para todos los creyentes. Morir por proclamar la fe en el Señor Jesús no corresponde a una etapa histórica pasada. También ahora hay cristianos que son martirizados. Probablemente a nosotros no se nos ofrezca la palma del martirio, pero sí se nos presenta, día tras día, la ocasión de vivir de acuerdo con la fe que hemos recibido.

Veo a mi Cristo pobre, ¿y yo me atreveré a seguir viviendo como rico? Veo a mi Cristo humillado y despreciado, ¿y seguiré deseando que me rindan honores? – San Cayetano de Thiene
Estamos acostumbrados a correr detrás de las riquezas terrenales como si fueran los ídolos a los que hay que adorar. Huimos de



