Fuera el odio y el rencor de nuestras vidas. Fuera de nosotros el pensar mal de los otros, el envidiar a los demás, el humillar a los que no son de nuestra cuerda. Bienvenido sea el perdón a los que nos ofenden, el ofrecer la mano a quien nos insulta, el sonreír a quien nos desprecia… Si vivimos practicando el mensaje que Jesús nos ha dejado, que se basa fundamentalmente en el amor, nuestras almas sentirán un gran regocijo y un permanente renacer de los mejores deseos que viven en nosotros.

Lo propio de una religión no es imponerse, sino persuadir. El Señor no hizo violencia a nadie, dejó a cada uno libre – San Ambrosio de Milán
Ante los que no son creyentes podemos tener diferentes comportamientos. Uno de ellos, y es el más correcto, es intentar que conozcan



