Un hijo siempre confía en su madre. Quienes tenemos la dicha de llamar a María madre sabemos que siempre podemos contar con su ayuda. Cuanta mayor sea nuestra confianza en ella, más seguros debemos sentirnos. Una madre nunca reniega de sus hijos, por muy díscolos que éstos sean. Ni los deja solos cuando están cerca de los peligros. Tampoco María dejará de protegernos si acudimos a ella. Nosotros somos débiles, pero tenemos la fortaleza de nuestra madre del cielo.

Así como dos pedazos de cera derretidos juntos no hacen más que uno, de igual modo el que comulga, de tal suerte está unido con Cristo, que él vive en Cristo y Cristo en él – San Cirilo de Jerusalén
Recibirte, Señor, en la Eucaristía, es fundirnos contigo, ser una sola cosa contigo. Para sentirnos que somos Tú. Por eso estamos obligados



