Para un cristiano carece de valor la vida, si ésta no la entregamos para el servicio de Dios y por Él la damos al servicio del prójimo, que es hermano nuestro y al que debemos servir de forma totalmente desinteresada, no esperando recompensa alguna que no sea el ser gratos a los ojos del Señor que, con la entrega de su vida por nosotros, nos dejó trazado el camino a seguir.

Para los cristianos no existen los hombres extraños. Nuestro prójimo es todo aquel que tenemos ante nosotros y que tiene necesidad de nosotros – Santa Edith Stein
Un creyente no puede cerrar los ojos ante las personas que están a su lado, sean ricas o pobres, sabias o ignorantes,



