Nuestra debilidad está en la poca confianza que tenemos en Dios. Nos creemos fuertes y prescindimos de Él. Nos consideramos autosuficientes. Mal asunto, porque construimos nuestra seguridad sobre las arenas movedizas de nuestro egoísmo y de nuestra soberbia. Con estos materiales, estaremos permanentemente sometidos a las inclemencias destructoras. Con Dios, somos fuertes. Sin Él, estamos derrotados. ¿Seremos humildes para entender esta gran verdad?

Bienaventurados vosotros cuando os insulten y os persigan y os calumnien por mí (Domingo IV del Tiempo Ordinario)
Foto: J. Serrano “Bienaventurados vosotros cuando os insulten y os persigan y os calumnien por mí” DOMINGO IV DEL TIEMPO ORDINARIO (Mateo,



