
«Salió el sembrador a sembrar»
XV T. ORDINARIO
(Mateo 13, 1-23)
Muchos son los predicadores
que lanzan sus mensajes
desde los modernos medios de comunicación.
Muchos son los mensajes
que se entrecruzan en nuestras vidas
prometiendo las mil y una glorias falsas.
La sociedad de nuestro tiempo
está abrumada con innumerables promesas incumplidas
y con permanentes augurios derrotistas.
Nos hablas hoy del sembrador
que arroja su semilla
y que no da frutos siempre.
Unas veces porque se la comen los pájaros.
Otras, porque la tierra que la recibe no es profunda.
O porque nació entre malas hierbas que la ahogan.
Pero hay una parte de la siembra que germina,
crece y termina por dar fruto,
en mayor o menor cantidad.
Me gustaría, Señor, que me ayudaras
a convertir mi alma en la tierra apropiada
para que la semilla de tu amor
no quede estéril dentro de mí.
Sé que tengo que entender en cada momento
lo que quieres de mí,
la misión que me encomiendas.
Y tengo que ponerme en marcha.
Sé que no basta con escuchar el mensaje,
acogerlo alegremente y olvidarme poco después
ante la más mínima dificultad.
Sé que no debo dejarme seducir
por los halagos, promesas y placeres mundanos.
Ayúdame a producir fruto con mis palabras y mis acciones:
Ayúdame a ser tierra fértil y generosa
que da algo de lo que recibe gratuitamente,
empapándolo en el amor.
José Serrano Álvarez
(Rezando al caer de la tarde)



