La misericordia de Dios es infinita. El mayor de los pecadores puede, con toda confianza, acudir a pedirle perdón, pues, si el arrepentimiento es sincero, será perdonado. Si, además, va protegido por María, la Madre del Señor, ella intervendrá ante su Hijo para que sea salvado pues no permitirá que los que acuden a ella queden desprotegidos. Ser sinceros devotos de la Virgen es un eficaz remedio que siempre nos protege.

Vuestra soy, para vos nací: ¿qué mandáis hacer de mi? – Santa Teresa de Jesús
Cuando nos ponemos realmente a disposición de Cristo, porque hemos comprendido que Él es nuestra razón de existir, no debemos tener miedo



