Nos gusta que reconozcan lo que hacemos bien, que nos den las gracias si hemos ayudado en algo o a alguien. Pero no es lo correcto esperar que se nos tengan en cuenta estas acciones buenas. Lo que sí merece la pena es que tengamos siempre presentes los favores que los demás nos hacen, sean éstos grandes o pequeños. Es decir, que sepamos agradecerlo con palabras, una sonrisa o cualquier otro medio. Nunca dejemos de dar las gracias.

Vivir siempre muy alegres, Dios es alegría infinita – Santa Teresa de Jesús de los Andes
No se concibe un santo apenado, mustio, sin alegría. Un cristiano nunca ha de estar triste. Porque la fe que profesamos tiene



