Sobran complejos en los que nos consideramos creyentes. A menudo carecemos de la fuerza necesaria para demostrar que la fe es algo muy vivo que puede y debe alumbrar a los hombres de hoy. Nos mostramos débiles. Tal vez por comodidad o por falsa modestia. Pero hoy más que nunca es preciso que nuestra fe, vivida plenamente, hable a las gentes de nuestro entorno que el amor de Dios es lo único que puede hacernos más humanos y solidarios, más libres y comprometidos. Porque la fe es lo único que nos salva.

Para los cristianos no existen los hombres extraños. Nuestro prójimo es todo aquel que tenemos ante nosotros y que tiene necesidad de nosotros – Santa Edith Stein
Un creyente no puede cerrar los ojos ante las personas que están a su lado, sean ricas o pobres, sabias o ignorantes,



